jueves, 14 de febrero de 2013
Silence, please.
A veces no encuentro la forma de callarme, de cerrarme, de auto-excluirme por un momento, es como si necesitara decir o hacer algo, a quien quiera que me escuche o le importe. Y entonces es cuando meto la pata. Me olvido de las consecuencias, y por un minuto, abandono mis sentidos. No logro controlar mi cuerpo ni mis palabras. Y ante el impulso del momento, mi boca se pierde, las palabras empiezan a fluir. Digo cosas sin sentido. Cosas que no deseo decir. Confieso lo que nadie sabe de mí ni de mi pasado. Intento explicar lo que no tiene explicación. Pronuncio palabras dolorosas. Muy dolorosas. Cuando caigo en la cuenta de todo lo que estaba diciendo no lo puedo creer. No puedo creer que ése momento de libertad que tuvieron mi boca y mis palabras hayan sido justo con ésa persona. No puedo creer que todo éso que dije haya salido de alguna parte de mi cerebro... Y es así como todo termina. De un momento a otro todo cambia. Me dejó de llamar. Ya no me busca, ya no me habla. Me dejó de amar. Me dejó sola. Era lo único que tenia en la vida y ahora que lo perdí... ¿Para qué vivir?